ENRIQUE A. LAGUERRE pecto a Bordeaux. sin olvidar la lucha entire Burgos y Toledo desde los albores del castellano. Es la de no acabar. La variedad lxica, fontica o de entonacin. antes que un pecado, es interesante. A los puertorriqueos nos era sumamente agradable sorpren- der a las pequeas diferencias lingsticas con latino- americanos y espaoles, en la Casa Internacional en Nueva York, o en el proyecto educativo de Ptzcuaro, Mxico. aparte de que no tenamos la ms mnima difi- cultad de entendernos por medio de la lengua general. Jams tuvimos dificultad en la intercomunicacin. Quin sabe algn national latinoamericano pona or- gullo en media docena de arcasmos o en algn concep- to normativo demasiado ceido y traditional. Pero eso no hace santo lingstico a nadie. Por lo dems, repito, tombamos las pequeas diferencias a juego, y hacamos comentarios sobre si Fulano canta al hablar o no, sobre :: esa palabra es mala en mi pas o no. Las ms de las veces dejabamos pasar perfectamente inadvertidas las palabras tabs. Lo ms probable era que pasados unos ,las de convivencia, ya hablramos con perfect natu- ralidad, como entire gentes de una misma nacionalidad. Pero cuando se haca el comentario intencionado, todo (aT puro juego. Despus de todo, nadie como el espaol est en cons- tante juego de palabras. Las baraja corno en un jue- go de naipes y en ello encuentra delectacin. sin que, en la mayora de los casos, le preocupen las ideas; es ms. algunas veces sacrifice las ideas en beneficio del juego, deported por excelencia espaol, que tiene no